miércoles, 25 de julio de 2012
Una vela que cobró vida a las 2:45 de la tarde
Fue normal que la vela cobrara vida. No fue nada del otro mundo pues simplemente necesitaba que lloviese precisamente ese día a esa precisa hora. Nadie, absolutamente nadie, se enteró de tan maravilloso suceso pues la vela estaba comodamente ubicada en el Monasterio de Rongbuk, un templo budista ubicado en lo que se conoce como "El monte Everest". Lo primero que pensó la vela luego de su desdoblamiento en este mundo fue que no podía ver nada. Lo subsecuente fue algo muy normal; pasó por las fases normales por las que pasan las millones de velas que cobran vida todos los días en este mundo: tuvo frustración, miedo, crisis existencial, sufrió de varicela y tuvo un ápice de esperanza; pero al final, y luego de muchas meditaciones, su corta vida finalizó luego de que la llama que iluminaba sus ideas la consumiera por completo. Su último pensamiento fue: "Bueno, al menos podré reencarnar en algo diferente la próxima ocasión"; pensamiento, que por cierto, se sale por completo de mi entendimiento ya que alcanzar en 2 horas una idea que le tomó a muchos hombres idear en 2000 años no es algo muy común que digamos. Quizás se publiquen millones de libros con respecto al porqué la vela pensó eso, pero por ahora solo nos queda especular.
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